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Recientemente tuve la ocasión de rememorar días pasados en la historia inmediata de Aragón. Por aquellas casualidades de la vida, consultando un expediente, observé cómo otro diferente asomaba tímidamente en el fichero. Lo abrí, y comprobé que se trataba de actividades realizadas hace algunos años por el Rolde, reclamando autonomía plena para Aragón. No pude evitar saborear una sensación agridulce.
Dulce, por un lado, hasta el punto de despertar mi sonrisa al volver a recordar algunos actos que llevamos a cabo en su día (aunque te pueda sonar a “batallitas del abuelo”), como esa marcha por relevos que osamos realizar desde Zaragoza a Madrid, corriendo por la carretera hasta llegar al Congreso para llevar nuestra petición de autonomía plena para Aragón. El Congreso no nos escuchó, pero qué orgullosos nos sentimos de haberlo intentado (aún recuerdo lo que nos costó subir el puerto de la Muela, bandera cuatribarrada en mano, mientras los espontáneos nos animaban desde los vehículos).
Pero también una sensación agria, al comprobar con los años cómo Aragón y su derecho a ampliar su autogobienro no ha sido atendido debidamente por los partidos centralistas. Vinieron a mi mente esas históricas manifestaciones de la primera mitad de los años noventa, en las que participamos reivindicando nuestro derecho a mayores cotas de autogobierno (Zaragoza, Madrid…). Reconstruí en mi memoria igualmente cómo con mucho trabajo nuestros diputados consiguieron un texto de reforma del Estatuto de Autonomía consensuado por todas las fuerzas políticas de las Cortes de Aragón que salió en forma de propuesta hacia Madrid con objeto de que fuera aprobado. Y recordé finalmente cómo, pese a los esfuerzos del PAR, esa propuesta fue recortada y modificada a la baja, dando lugar al Estatuto de 1996.
Qué cosas tiene la vida. Hoy, casi diez años después, con la cabeza algo más despejada (la maldita alopecia), la situación del autogobierno aragonés sigue siendo aun hoy una asignatura pendiente, por la cual los aragoneses no gozamos ni de las mismas oportunidades ni del mismo trato que otros territorios del Estado, ni Aragón como entidad es tratado como merece..
Y es que, incluso ese Estatuto reformado a la baja en 1996 por los partidos de ideología centralista, ha seguido siendo incumplido en algunos aspectos aun con los recortes a los que fue sometido en Madrid. Así, llama la atención la existencia de temas postergados sine die, tales como la financiación autonómica (artículo 48), el cumplimiento de la Disposición Adicional Primera (Patronato del Archivo de la Corona de Aragón), de la Disposición Adicional Tercera (Derechos Históricos) o de la Disposición Adicional Segunda (mermas tributarias)…Y todo ello, frente a la incredulidad del aragonés que, cómodo con el actual marco constitucional al cual respeta y asume plenamente, no entiende cómo nada más y nada menos que un Estatuto de Autonomía (a fin de cuentas, una Ley Orgánica, una de las partes del bloque de constitucionalidad español) puede incumplirse. Curiosa forma de dejar en papel mojado el contenido del artículo 9.1 de la Carta Magna (aquél que dice que todos (ciudadanos, pero también los poderes públicos) estamos obligados a cumplir y respetar la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico).
No es justo. Es verdad, no es justo. No lo es para Aragón como entidad, como tampoco lo es para ti como ciudadano, ni para el conjunto de los aragoneses y aragonesas, es decir para personas con nombre propio y problemas particulares cotidianos que cada día se despiertan para acudir a su lugar de estudio o de trabajo (si lo tienen) para intentar labrarse un futuro en un contexto desigual con sus homólogos de otras Comunidades Autónomas vecinas o cercanas que, gracias a sus marcos estatutarios, poseen más posibilidades de progresar.
Desde el PAR, siempre hemos denunciado esta situación, y hemos reivindicado un trato más equitativo para Aragón y los aragoneses. Porque, no nos engañemos, un mayor autogobierno no es simplemente una lista tasada de competencias más o menos exhaustiva. No es así. Más autogobierno trae consecuencias concretas para los habitantes de un territorio: supone una mejor relación ciudadano-administración; supone que los ciudadanos aragoneses y quienes viven con nosotros en nuestra tierra solidaria y acogedora puedan obtener más y mejores posibilidades de desarrollo; supone unos mayores niveles de bienestar al contar, por ejemplo, con una financiación que permita mejorar los servicios educativos, sanitarios, infraestructuras, etc.; y supone, por qué no decirlo, un trato más acorde con la identidad y la historia de la realidad aragonesa.
Quizá la exposición anterior te haga pensar que, bajo mi criterio, la realidad de Aragón y su futuro sea muy pesimista. Pero no es así. Y no lo es porque estoy totalmente convencido de que vamos a conseguir cambiar las cosas a mejor. Por Aragón y por los aragoneses. Que…¿por qué pienso así? Pues es muy fácil de responder: porque en Aragón, y más concretamente en el PAR, disponemos de algo muy difícil de conseguir y que en otras organizaciones tal vez brille por su ausencia: jóvenes como vosotros, los jóvenes del Partido Aragonés; personas comprometidas con Aragón como nuestros cargos electos (desde los diputados hasta los concejales); hombres y mujeres como nuestros afiliados y simpatizantes amantes y defensores de esta tierra; y, la fuerza de estar respaldados desde hace casi treinta años por miles de votantes preocupados por Aragón y sus ciudadanos. En definitiva, podremos cambiar las cosas porque somos la fuerza de Aragón, la fuerza netamente aragonesista.
Sin embargo, que la respuesta sea fácil no quiere decir que en la práctica nos encontremos ante una labor sencilla. Ni lo es, ni lo va a ser, pero lejos de acobardarnos, ya estamos dando nuestros primeros pasos.
Actualmente en las Cortes de Aragón estamos llevando a cabo un proceso de reforma estatutaria. Me consta que nuestros diputados, los del PAR, y más concretamente Javier Allué como Portavoz y Marta Usón (miembro del Rolde) como coponente, se están batiendo el cobre para lograr que Aragón ocupe en el Estado el lugar que le corresponde a través de su Estatuto de Autonomía. Un trabajo duro y complicado en el que están plenamente respaldados no sólo desde un punto de vista técnico y político, sino también por todos nosotros sin necesidad de estar físicamente al lado.
Por eso lo van a conseguir. O mejor dicho, lo vamos a conseguir. Antes o después, porque con esta fuerza es inevitable. Y todo ello con trabajo, con esfuerzo, sin estridencias ni radicalismos, sino con la fuerza de la palabra, y aplicando en el actual marco constitucional lo establecido por el Dictamen de Autogobierno, aprobado por unanimidad en este Parlamento en marzo de 2003 y que, entre otras conclusiones, reza que “…la profundización del autogobierno debería implicar la asunción por parte de la Comunidad Autónoma de todas las competencias posibles según la Constitución de 1978...”.
Como miembro del Rolde Choben, sólo puedo pedirte una cosa que en su día alguien me pidió a mí: “…No rebles nunca. Por Aragón. Entalto Aragón!…”
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